El “Manspreading”

Tras recibir númerosos elogios y alabanzas por el primer artículo de mi sección “semiología y lingúïstica desencajadas”, han sido numerosas las peticiones por parte de mis e-lectores para que explique de manera breve y sucinta el vocablo “sëmîólèjía” y como es evidente está sección es la más indicada para ello.

En el día de hoy y en un nuevo, férreo y vehemente alegato en defensa de la lengua castellana (y a petición una tal Ana) en la sección “semiología y lingüística en las Orcadas” (islas que están en United Kingdom. Está información la he puesto ya sólo por joder) desarrollaré una expresión que llamó poderosamente mi atención y que hunde sus raíces en lo más hondo de la lengua hispana. Me estoy refiriendo, como no, al término: “manspreading. La primera vez que escuché la palabra en cuestión pensé: estos son gilipollas perdidos, perdón, que no fue eso lo que pensé (bueno, vale eso también lo pensé). En realidad, pensé para mis adentros: ¿Qué significará? No sé, quizás se trate de un nuevo deporte de alto riesgo como el kitesurf, el snowboard, el rafting, el curling, el sandboard, el motocross, o invertir en bolsa. Tras profundizar más en el tema y, gracias a mis más que conocidas labores detectivescas, encontré la solución mientras me rascaba un cojón: El término “mansPaelling” no hace sino referencia a esa fea costumbre que tienen algunos hombres en el metro de “abrirse de piernas” (y tooooma). Los defensores del “manspichoting” aducen que tienen que tenerlos a la “tempura” correcta para no quedarse imbéciles, perdón, estériles (no sé yo en que estaría pensando). Y como yo comprendo todas las posturas (me refiero a todas las opiniones. A ver si no se me ha entendido bien) Voy a intentar exponer y alegar Claramente razones que apoyan está sólida teoría (que ser una gilipollez lo es y además bien gorda) y de paso aportar unos cuantos consejos adicionales:

  • Como es sobradamente “cocido” por todos, los huevos hay que tenerlos bien frescos porque si no puedes contraer una salmonelosis y eso unido al problema de tu candirú merma claramente la salud. Obsérvese que he dicho candirú. Si tu problema es que tienes alojado en lo de abajo un “caribú” (que se parecen bastante (en el nombre quiero decir)) entonces en tu caso está más que justificado el “manexploding” (eso sí, los del quirófano lo van a flipar y no sé cómo lo van a extirpar).
  • Obviamente viajas en metro, aunque lo tuyo sea un problema de milímetros. Pero se te ha ocurrido que para llegar hasta allí (no me jodas que tienes la parada nada más salir por la puerta) tienes que ir andando (descartemos que vayas en coche y luego cojas el metro porque eso sí que sería una auténtica gilipollez y no lo del “mansgilipolling”) y al andar se genera una fricción que puede aumentar la temperatura de la zona en cuestión hasta 3’8 grados “plantígrados” (oso) y todavía es peor. Entonces te preguntarás que deberías hacer. Desde luego la solución no pasaría por ir en bici dado que la problemática sería exactamente la misma (a no ser que pedalees “bien abierto de piernas”) y además estarías expuesto a que te griten “rooojo”. Tranquilo que yo te ofrezco una solución bastante razonable y cabal: cabalgar, llegar al metro montado a “caballo” (lo del caballo tenía que metérmelo meterlo sí o sí) es, desde luego, la solución idónea. Eso sí, ten cuidado de no aparcarlo en doble fila y de tener otro caballo preparado en la estación de destino.
  • Supongo que cada mañana antes de salir de casa procederás al recuento lo mismo que a la vuelta para ver cuantos han caído en feroz combate. Pero ¿los tienes bien asegurados? Me consta que las compañías de seguros más punteras ofrecen bonificaciones por “buen reproductor”. Además, supongo que llevarás bien “a mano” un termómetro (si lo tienes, mejor electrónico) para comprobar cada cierto período si los tienes a la temperatura ideal no vaya a ser que palmen en cantidad y disminuya su calidad. Y ¿qué hacer en caso de que su temperatura ascienda drásticamente? Pues se lo cuentas al revisor o a una señora mayor, que siempre lo saben todo, o incluso puedes usar el extintor. En último extremo siempre puedes romper la ventana de emergencia y sacártelos para que se te enfríen. ¿Llevas también un transportador (de ángulos me refiero)? Técnicamente se considera “manspeloting” a partir de un ángulo de 38 grados. Para quien no lo sepa la temperatura crítica es a partir de 38 grados “centrípetos” (no va a quedar ni uno solo con vida).
  • Otro consejo altamente recomendable es, mientras esperas a que llegue el metro, “sacártelos de los pantalones” y “lo otro llevarlo en la mano”. Voy a explicar este último punto porque a lo mejor no se ha entendido bien: me refiero a que te saques de los bolsillos de los pantalones todos los objetos que portes (va a parecer que llevas unos bultitos que ejercen una presión achicharrada aproximada de 3’8 Newtons, que desde luego afecta gravemente a la mortandad de tus neuronas células reproductoras) y con “lo otro llevarlo en la mano” hago referencia al móvil de los cojones, que como bien es sabido provoca imbecilidad, perdón, esterilidad (joder, vaya día tengo hoy)
  • Otra genial e ingeniosa propuesta para salvar a tus minúsculos cabezones que llevas en los calzones (me refiero a… bueno creo que se me ha entendido), es llevar un par de latas bien frías y colocártelas en tus partes (esto lo intuyó Descartes), criogenizártelos (eso sí ten cuidado al rascártelos) o incluso colocarte encima un cucurucho de helado de dos bolas en tus bolas con la punta del cucurucho apuntando hacia fuera (Bueno mejor olvidar esta última idea, porque funcionar funciona, pero iba a quedar bastante “raro” y entonces sí que te iban a mirar mal). Respecto a asunto de las latas bien frías tendrás que aprovecharlas y, claro, no las vas a meter en la nevera o bebértelas tendrías que estar gilipollas (más aún). Aquí va una posible solución: pide a amigos tuyos que te esperen y ofréceles las latas (pero mira que hace falta ser cabronazo). Aquí se pueden presentar dos escenarios posibles:
    1. Cuéntales la verdad. Los hombres siempre nos apoyamos en todas nuestras mamonadas por muy estúpidas que sean. No sólo se lo van a beber, sino que ellos mismos llevarán las latas frías en los “mismísimos” para apoyar y difundir el “manslating”. Eso sí cuando te den una a ti vas y les dices que no tienes sed (tendrías que ser gilipollas, que lo eres, pero no tanto (bueno eso ya no lo sé))
    2. Cuéntales la verdad (y 2). Si te abrazan y dicen que quieren conocerte “mucho más a fondo” yo empezaría a preocuparme (ahora por fin sabes porque siendo como son del Barça tienen la casa repleta de posters de Cristino Ronaldo). Tranquilo, no pasa nada, mantén la calma, no te precipites. ¡YA! Ahora es el momento de precipitarte a las vías delante del siguiente metro (ironías del destino: aplastado por lo mismo donde no quieres que se te aplasten).
    3. Miénteles como un bellaco: diles que están calientes por la temperatura (incidir que debes indicar que es por la temperatura ambiente, no por la de tus… eso sería un rabo grave error. Descartemos que eres tan tonto (aunque no lo tengo del todo claro)).
    4. Deja las latas sobre un banco (de esos no, de los otros). Gratis y abandonadas seguro que llega algún capullo y se las lleva (no me quiero ni pensar que las llevan a objetos perdidos y te las devuelven).
  • ¿Has pensado ya en llenar un tarrito con “el producto en cuestión” y llevarlo a un banco de esos? Es que no quiero ponerme muy escarológico escatológico, pero te voy a dar más pistas: deberías llevarlo al banco de esp… Si llegados a este punto lo has llevado al Banco de España lo tuyo no tiene remedio y, de verdad, deberían prohibirte tener hijos. Además, que sepas que vas a acabar en busca y captura por atentado con armas bacteriológicas.
  • ¿Has pensado en la problemática que se puede presentar si el metro frena bruscamente y acabas empotrado en esa posición en una barra de agarre (agggg, sólo de pensarlo ya duele)? Vas a acabar con los huevos desechos. En terminología castellana eso sería un “manspachurring”. Claro que podría ser muchísimo peor: los policías también viajan en metro cuando van y vuelven de trabajar y el resto mejor ni pensarlo (atentado contra las fuerzas del orden con “pre-meditación” y “alegoría”, alteración del orden “púbico”, lanzamiento de ”objetos” en un lugar concurrido, manifestarse sin los permisos “de la regla”, así como exhibicionismo (en tu escaso sexo, quiero decir, en tu caso eso sería considerado un delito “menor” y la pena sería “mínima”). Todo esto va sin segundas (Pfffff).
  • ¿Sabías que existen organizaciones no “huevonamentales” y sin ánimo de “huevo” que apoyan tu huevo justo derecho a extender el huevo derecho? A saber: la revista “Cinco Tías”, “Madrid en Tutú” (la mejor manera de tenerlos bien frescos), “La asociación de gallinas ponedoras de huevos” y “Car-Mena” (empresa privada surgida de la idea de empresas como Rent a Car y Amena). Unidos Podemos acabar con la opresión de los huevos. “Madrid en Tutú” y Car-Mena con el “manschorring” ¡No te quedes cruzado de piernas, perdón, de brazos!

Sí has seguido mi consejo deberías estarme sumamente agradecido. A cuantos has salvado: a cientos, a miles, a cientos de miles, a millones (no me jodas que encima no tienes ni novia). Todo sea por el bien de “El País” y en interés “Público”. La “Razón” esta de nuestras partes. Por fin cuando llegues a tu destino en “20 minutos” podrás contemplar sin tino, seas Marcelino o Constantino, cultura sin parangón en una exposición y habrás salvado tu primer cojón: Capa, la del fotógrafo Robert Capa; o “Vieja friendo huevos” de Velázquez; o invertir en huevos, en huevos de Faberge obviamente, o leer “La MetaFimosis” de Frank “Capa”. Es hora de defender la cuestión del “mansgilipolling” a “capa” y con espada.

Antes de pasar a la siguiente chorrada parte del artículo sólo decir que sería monstruoso que el fin del mundo sobreviniese de tal manera (sería acojonante). Y quienes tendrían la vulva culpa: los políticos. Que les costaba colándonoslo, perdón, apuntándolo como gastos extras hacer los asientos del metro 50 centímetros más amplios, para que los lleves más anchos y esparcidos. Total, el metro sólo tendría dos metros más de anchura, habría que cambiar los vagones, las vías, los túneles del metro; pero todo es poco con tal de evitar la extinción de la especie “humaña”. Gracias a unos pocos será viable la continuidad de la especie: tras la conquista de Gibraltar estás predestinado a repoblar tú solo “El Mundo” (matizar que de momento la reproducción entre distintas especies no es posible, eso sí, los monos del peñón son totalmente comestibles, pero me consta que son ciudadanos británicos y acarrearía un conflicto internacional de dimensiones “cataplínicas”).

En las siguientes líneas expondré tácticas y trucos que deberían usar las tías, ya de por si constreñidas por la talla 38 que les aprieta el bizcocho, para evitar que un ¿macho? Alfa practique “manspequeñing” acaparando tan preciosos centímetros de espacio vital en un evidente ejemplo de expansionismo territorial previo a la invasión de Polonia. Hay van por tanto unos vencejos, perdón, consejos (y luego si quieres me tiras los tejos):

  • Tócale los huevos metafóricamente hablando (no queremos que encima se nos venga arriba): míraselos de reojo y empieza a descojonarte; dile que hay un señor con bigote que no hace otra cosa que mirarle el paquetillo; coméntale un documental que viste sobre los “diminutos huevos” que pone la hormiga “reina” (esta última es mi favorita ya que está plagada de indirectas)
  • Tócale los huevos. Ves, ahora sí. Concretamente con las uñas desgarrando sin piedad lo cual provocará que cierre las piernas en un movimiento instintivo de defensa.
  • Eres enfermera o doctora: muéstrate comprensiva con él y con su problema de mortandad de gametos “marcelinos” antes de que alcancen la temperatura de fusión y le explote un coj… Probablemente hayan caído en el trayecto ya “sus dos cabezuditos con colita en medio” preferidos y tú tienes los conocimientos adecuados: lo mejor es cortar por lo sano. Exacto, saca el bisturí y empieza a extirpar las zonas dañadas. Que no tienes anestesia ¿Y? Los hombres no lloramos cuando nos hace daño una mujer, aunque nos esté extrayendo el bazo con una batidora ¡Fuerza y dolor! Aaaaatres.
  • El martillo de emergencia de romper las ventanas: úsalo para darle un buen martillazo en esa parte tan delicada y sensible de su anatomía. A lo mejor el huevo hombre se ha quedado paralizado en esa postura y no se puede ni mover. Sí, es en lo que todas estáis pensando: un golpe en la rodilla para comprobar si aún tiene reflejos, pobrecillo (Coño, no estarías pensando en darle el martillazo en los cataplines (Joder que crueles. Aunque también sería una buena “Ikea”))
  • Pregúntale: “¿Estudias o trabajas?” Espera unos segundos a que se emocione (por fin ha ligado, aunque parezca increíble). Ahora es tú momento, di: “No, ¿Qué si estudias o te los bajas? Porque ya puestos.”
  • Y como este artículo ha sido a petición de mi e-lectora Ana, que mejor que alabarla: “Ana la que siempre te acompaña incluso cuando le das caña en la tienda de campaña. Ana, Ana, Ana la que en los exámenes arrolla con fuerza avasalladora pues es mi mejor admiradora. Ana, ella que siempre te apoya y arrulla y te sana toda ampolla e, incluso, rechazó tres premios Goya para verte en Camboya cuando te hirieron en la…” Y hasta aquí puedo escribir todos comprenderán porque… Porque los datos médicos son confidenciales (además como si tuviese que rimar todo).

Para comprender toda la problemática subyacente al “mansparring” recomendaría lecturas como la gran cobra obra de Charles Darwin donde se describe su “viaje” con el Beagle Metre a lo largo del metro de Madrid (1. Donde expone que la teoría evolutiva parte de la idea de la supervivencia de los mejor adaptados (al asiento del metro)) y de la obra “Introducción al pichoanálisis” de Sigma (2) Freud, así como de su tratado “El yo y el ello (mejor montar en camello): Conflictos derivados inherentes al uso del transporte público colectivo” y por supuesto “El Maestro se Estira” de Arturo Metro Reverte. Para saber más sobre los citados autores recomendaría la web de “Pichografías y Pichas”, perdón, de “Biografías y vidas”:

https://www.biografiasyvidas.com/

Y para concluir y aunque debería ir en la sección “Arte y LiterArtura” un fragmento de uno de los poemas más conocidos de Gustavo Adolfo Bécquer:

“Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón los nidos a colgar, y otra vez con el ala en los cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaba tu hermosura y mi dicha contemplar, aquellas que aprendieron… ¡Esas no volverán!” Versos hermosos de uno de nuestros más ilustres poetas del romanticismo.  Y que hace la hacendosa golondrina al volver al nido: Empolla huevos (y tooooooma).

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